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    Descubre Murillo

    Itinerarios

    Convento de San Francisco

    itinerarios
    • query_builderHorarios

      Exposición temporal en Avenida de la Constitución, que mostrará las obras que Murillo pintó para el Antiguo Convento de San Francisco.

      Entre el 27 de abril y el 10 de junio de 2018.

    • placeLugar

    En la actual Plaza Nueva se ubicaba el desaparecido Convento de San Francisco de Sevilla. Perteneciente a la influyente orden de los frailes menores, era un espacio muy frecuentado por la sociedad en tiempos de Murillo y un importante enclave artístico de la ciudad. Por este motivo, los artistas ansiaban trabajar para este convento, ya que adquirían una gran popularidad que los consolidaba en la escena cultural hispalense.

    El primer contrato importante de Murillo fue el contraído con este Convento de San Francisco, para el que hubo de estar trabajando desde 1644 a 1646. La importancia de este encargo en la trayectoria del artista es trascendental, ya que mostró su innovadora manera de entender la espiritualidad del momento y logró la valoración de sus coetáneos.

    Murillo realizó para el Convento de San Francisco un ciclo de pinturas que estarían dispuestas en el Claustro chico, situado delante de la entrada de la iglesia, y que tenían como finalidad hacer propaganda de la grandeza de la orden franciscana. Los temas de estas pinturas fueron propuestos por el padre guardián, Fray Pedro de Almaguer, y estaban dirigidos a exaltar las virtudes tradicionalmente vinculadas a los frailes menores. Entre dichas virtudes son ensalzadas especialmente la caridad, el misticismo y los milagros salutíferos, virtudes que eran las más valorados por una sociedad como la sevillana, con elevados índices de extrema pobreza, hambrunas y mortandad tras haber sufrido una terrible epidemia de tifus en la década de 1620.

    En 1810 las pinturas fueron incautadas por el Mariscal Soult y trasladadas al Alcázar, desde donde se dispersaron, conservándose actualmente en diferentes colecciones.

    La Plaza Nueva, donde estuvo ubicado el Convento de San Francisco, es el séptimo de los veinte espacios que configuran el Itinerario Tras los pasos de Murillo, a través del cual, es posible realizar un recorrido por la Sevilla del siglo XVII siguiendo los pasos del artista hacia los lugares más emblemáticos de su trayectoria. En ellos, podrán contemplarse sus obras y comprender la personalidad creativa de un artista excepcional.

    Obras

    San Francisco confortado por un ángel (reproducción del original)
    Hacia 1645-1646.
    Óleo sobre lienzo. 172 x 183 cm.
    Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
    Procedencia: Sevilla, Claustro del Convento de San Francisco.

     

    Inscripción: “Martirio Dulçe Gloria Repetida,/ llagado siente el seraphin humano,/ En su Mortal dolor halla la Vida/ En su Tormento gozo soberano./ Crece el amor y en una y otra herida./ Anima incendios De su ardor Ufano,/ Pide Aliento a Dios Hombre y dale Aliento/ De un Ángel la dulçura y instrumento”

    Es ésta una de las primeras obras realizadas por Murillo para el Claustro Chico de San Francisco. La pintura enaltece la espiritualidad de la orden franciscana a través del profundo misticismo de su fundador, San Francisco de Asís, al tiempo que ensalza uno de los tres votos franciscanos: la pobreza.
    La obra muestra a San Francisco de Asís en un episodio de los últimos días de su vida, narrado por San Buenaventura, en el que, estando enfermo y sufriendo terribles dolores, fue recompensado por su virtuosa existencia con la aparición de un ángel que interpretó hermosas melodías para confortarle.
    Destaca el contraste entre el ascético santo, inmerso en las sombras, y la belleza ideal del ángel, envuelto por luces doradas que anticipan la Gloria celestial.

     

    San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres (reproducción del original)
    Hacia 1645-1646.
    Óleo sobre lienzo. 173 x 183 cm.
    Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando).
    Procedencia: Sevilla, Claustro del Convento de San Francisco.

     

    Inscripción: “Da de comer al Pobre y el provecho,/ Recive Diego de que el Pobre coma./ El Pobre Come y Diego satisfecho,/ El dar las Gracias por su quenta toma,/ Mira en el Pobre a Dios y de su Pecho,/ Caridad todos a Dios le ofrece Aroma,/ I a un tienpo exercitando vida activa/ El Santo goza la Corona dichosa”.

    Esta pintura relaciona a la orden franciscana con una de las virtudes más importantes: la caridad.
    El protagonista es el fraile sevillano San Diego de Alcalá, encargado de repartir las sobras de las comidas del convento entre los numerosos pobres de Sevilla, que acudían a la puerta conventual para recoger el sustento diario.
    La escena representa al santo dando gracias a Dios por los alimentos, mientras en torno al perol se dispone una variada serie de personajes populares que representan diferentes edades de la vida. Así, figuran niños, mujeres con hijos, hombres enfermos y ancianos mendigos, en los que Murillo ha sabido captar su psicología en sus actitudes y gestos, desde la madre amorosa, a la profunda dignidad del mendigo que sostiene un plato.

     

    San Diego del Alcalá en éxtasis delante de la cruz (reproducción del original)
    Hacia 1645-1646.
    Óleo sobre lienzo. 172 x 184 cm.
    Toulouse, Musée des Augustins.
    Procedencia: Sevilla, Claustro del Convento de San Francisco.

    Inscripción: “El General y obispo de [Pam]plona/ …/ Admiran los prodigi[os] que pregona/ El amor en…/ Niega el amor Al Riesgo que blaçona/ …/ A mejor l[uz] la gloria, allí la lle[va]/ Don[de]… Dios”

    Es, de nuevo, San Diego de Alcalá el protagonista de esta pintura que encomia, en esta ocasión, el profundo misticismo de la orden franciscana.
    La obra muestra un episodio milagroso que acontecía cuando el fraile trabajaba en el huerto del convento; allí, concentrado en sus meditaciones, entraba en éxtasis y comenzaba a levitar cuando estaba cerca una cruz de madera.
    Murillo introduce a varios personajes como testigos del milagro, pudiéndose reconocer a don Agustín de Spínola, Arzobispo de Sevilla en 1645, acompañado por dos personajes y los franciscanos fray Pedro de Almaguer y fray Francisco de la Cruz.
    Murillo ha situado la escena en el huerto del convento, advirtiéndose el entorno natural y la arquitectura del edificio conventual.

     

    San Gil en éxtasis ante el Papa Gregorio IX (reproducción del original)
    Hacia 1645-1646.
    Óleo sobre lienzo. 166 x 186 cm.
    Raleigh, North Carolina Museum of Art.
    Procedencia: Sevilla, Claustro del Convento de San Francisco.
    Inscripción: “Florece en Santidad Gil, y el noveno/ Gregorio por hablarle va a perosa,/ Visítale fray Gil el pecho lleno/ De fervor y obediençia Afectuosa/ Teme entrar y al fin entra al claustro pleno,/ Siendo su amor y fe tan milagrosa,/ Que admirando Al Pontífice aquedado/ En éxtasis Divino arrebatado”

     

    El misticismo se configuraba en la Sevilla de Murillo como la principal señal para valorar la grandeza espiritual de las órdenes religiosas. Es por ello que las órdenes se afanaban en difundir las historias y leyendas de sus principales santos místicos.
    En esta ocasión, la pintura está protagonizada por San Gil, uno de los principales santos contemplativos franciscanos que, cuando escuchaba las palabras “cielo”, “gloria” o “paraíso”, entraba en trance y levitaba.
    Esta circunstancia fue conocida por el Papa Gregorio IX, que quiso ser testigo del milagro y convocó al fraile a su presencia. Cuando el papa pronunció la palabra “cielo”, San Gil entró en estado de arrobo, elevándose sobre el suelo y sorprendiendo a los asistentes por su profunda espiritualidad.

     

    La visión de fray Juan de Alcalá de la ascensión del alma de Felipe II (reproducción del original)
    Hacia 1645-1646.
    Óleo sobre lienzo. 170 x 187 cm.
    Williamstown, Sterling and Francine Clark Art Institute.
    Procedencia: Sevilla, Claustro del Convento de San Francisco.

    Inscripción: “Precursor de sus Gracias Este/ Santo philipe sus mejor[es]/ Dios…aron/ efímero…ala/ Notarlas des… lo que/ Cico Contestes sombras s…/ En usa y otra Repetida Nube/ Del segundo philipo el Alma s[ube]/”

    Los santos visionarios fueron, junto a los santos místicos, especialmente venerados en la Sevilla de Murillo, ya que habían sido bendecidos por la divinidad con el don de la revelación profética. El protagonista de esta pintura, fray Juan de Alcalá, era, además conocido popularmente por su carácter milagrero y por las curaciones extraordinarias que había favorecido.
    La pintura encargada a Murillo muestra una de las más importantes visiones del fraile, quien señaló que un día de septiembre de 1603 el alma de Felipe II ascendería al cielo rodeada por una nube de fuego.
    En la composición, fray Juan de Alcalá muestra a un grupo de testigos el milagro que predijo y que está aconteciendo ante sus asombrados ojos: sobre una ciudad amurallada, el alma del Felipe II es acogida por una corte celestial.

     

    Fray Junípero y el pobre (reproducción del original)
    Hacia 1645-1646.
    Óleo sobre lienzo. 176 x 221 cm.
    París, Musée du Louvre.
    Procedencia: Sevilla, Claustro del Convento de San Francisco.

    Inscripción: “Junípero del pobre Condolido,/ porque en él mira a Dios le compadece/ Quando de la Obediencia detenido/ porque en ello a Dios le obedece/ … Dios con Dios partido/ … por Dios merece/ I en una i otra promeditando/ Al …”

    La Caridad, virtud practicada de forma prioritaria por la orden franciscana, y la Obediencia, uno de los tres votos de la orden, son las protagonistas de esta pintura que narra un episodio de la vida de fray Junípero, uno de los primeros seguidores de San Francisco, conocido por su humildad y caridad.
    El carácter desprendido del fraile era tal, que no dudaba en dar todo lo que tenía a los pobres, incluso sus vestimentas, llegando al convento cada día prácticamente desnudo. Como los superiores le prohibieron desprenderse de su hábito, cuando encontró a un pobre vestido con harapos le señaló que no podía darle su ropa, pero que, si él se los quitaba, no opondría resistencia. Ésta es la escena narrada por Murillo, en la que el fraile deja que el mendigo le quite sus vestimentas.

     

    San Salvador de Horta y el Inquisidor de Aragón (reproducción del original)
    Hacia 1645-1646.
    Óleos sobre lienzo. 178 x 190 cm.
    Bayona, Musée Bonnat.
    Procedencia: Sevilla, Claustro del Convento de San Francisco.

    Inscripción: “Buela la fama notisiossa quando/ El Santo Salbador al c… he admira/ I un Ministro Supremo disfrasando/ En tosco el trefe authoridad Retira/ Repara el Santo. y Ya profetizando/ La dignidad entre disfrases mira/ I con debota y grave Reverençia/ Obediente le ofrese la obediençia”

    Es, de nuevo, un santo franciscano milagrero y propiciador de curaciones extraordinarias el protagonista de esta pintura, en la que también están presentes dos principios espirituales franciscanos: la obediencia y la humildad.
    San Salvador de Horta, fraile franciscano conocido por su modestia y venerado por sus milagros salutíferos, despertó el interés del inquisidor de Aragón, quien quiso verificar la corrección espiritual de sus milagros. Para ello, se vistió con ropas laicas y solicitó la asistencia del fraile para aliviar sus dolencias. En ese momento, como muestra la pintura de Murillo, San Salvador de Horta reconoció, por inspiración divina, al inquisidor y se arrodilló a sus pies en señal de respeto y humildad.

     

    La curación milagrosa obrada por fray Juan de la Cruz (reproducción del original)
    Hacia 1645-1646.
    Óleo sobre lienzo. 156 x 106 cm.
    Ottawa, National Gallery of Canada.
    Procedencia: Sevilla, Claustro del Convento de San Francisco.

    Murillo tenía apenas cuatro años cuando la epidemia de tifus asoló a Sevilla causando gran mortandad y agravando las enfermedades que sufrían los sectores más pobres de la sociedad. En este contexto, no sorprende, que los franciscanos encargaran al artista la representación de los santos de la orden venerados por sus curaciones sobrenaturales, como es el caso de fray Juan de la Cruz.
    El fraile vivió en el convento franciscano hispalense a comienzos del siglo XVI, cuando la ciudad fue devastada por la epidemia de peste de 1524, en la que intervino realizando numerosas curaciones milagrosas. En la pintura, el santo aparece invocando la ayuda divina para sanar al monje franciscano que, inconsciente, yace a sus pies.

     

    Fray Francisco y la cocina de los ángeles (reproducción del original)
    1646.
    Óleo sobre lienzo. 180 x 450 cm.
    París, Musée du Louvre.
    Procedencia: Sevilla, Claustro del Convento de San Francisco.

    Inscripción: “En divina Oración Arrebatado/ Sus I eno en Dios o ano los sentidos/ Dejando a Dios por Dios … Cuy dado/ L[os] Ángeles …iron S[olicit]os …/ En lo activo francisco no a faltado/ Si están los conbidados bien Servidos/ Pues sin que Queste el Santo algún desvelo/ Dirán que la comida está del Cielo”

    Es esta pintura una de las más hermosas composiciones realizadas por Murillo en su trayectoria creativa y de las más importantes del Claustro de San Francisco.
    El protagonista es, probablemente, fray Francisco Pérez, cocinero del Convento de San Francisco, quien realizaba sus tareas en la cocina con tanto fervor que entraba en trance, levitando y olvidando sus obligaciones. En estas circunstancias, un grupo de ángeles se encargaba de preparar la comida para que no le faltase a los monjes.
    La pintura muestra el arrobo místico del fraile y la sorpresa de los testigos que contemplan el milagro.
    Destaca en la obra la belleza de los ángeles y la representación del interior de la cocina, con una amplia variedad de motivos de bodegón y cacharros de cerámica.

     

    La muerte de Santa Clara (reproducción del original)
    Hacia 1645-1646.
    Óleo sobre lienzo. 189 x 446 cm.
    Dresde, Gemäldegalerie Alte Meister.
    Procedencia: Sevilla, Claustro del Convento de San Francisco.

    Inscripción: “Entre los singulares favores, q la Gloriosa Sta. Clara reçivió en su vida, de Xpto. N. Sor. Fue hallarse/ a su dhossa muerte con su Madre SSma. Acompañada de Vírgenes con sus coronas de oro, Vestiduras blancas/ y palmas en las manos, y cubrieron su Sagrado Cuerpo con un manto traído del cielo (Prodigio q solo sus ojos/ y los de una Religiosa compañera suya fueron merecedores de Gozarle)”

    Esta pintura es la mayor del claustro de San Francisco y, junto a La cocina de los ángeles, la más compleja en su composición y en su calidad técnica.
    Como la anterior, la obra rinde homenaje a la grandeza espiritual de la orden franciscana, en esta ocasión, a través de Santa Clara de Asís, seguidora de San Francisco y fundadora de la Segunda orden franciscana. Al mismo tiempo, la pintura muestra la dignificación de la muerte por parte de los franciscanos, celebrada como un tránsito feliz hacia el cielo.
    La obra narra los momentos previos a la muerte de la santa, cuando fue bendecida con una visión celestial en la que la Virgen María, acompañada por Cristo y rodeada por una corte de vírgenes, entró en su habitación para abrazarla y acogerla en la gloria.

     

    San Francisco Solano y el toro (reproducción del original)
    Hacia 1645-1646.
    Óleo sobre lienzo. 157 x 225 cm.
    Sevilla, Real Alcázar.
    Procedencia: Sevilla, Convento de San Francisco.

    Esta pintura no hubo de formar parte de las realizadas por Murillo para el claustro chico del convento, sin embargo sí fue ejecutada para la orden franciscana y debió de estar dispuesta en el recinto conventual.
    Siguiendo las temáticas del claustro, la obra narra un milagro protagonizado por un santo franciscano, con el objetivo de valorizar la grandeza espiritual de la orden.
    El protagonista es el fraile San Francisco Solano quien, estando como misionero en el Convento de la Recolección franciscana de Lima, sometió, de forma milagrosa, a un toro que amenazaba a los habitantes de la localidad. En la pintura aparece el santo que, ante el asombro de los campesinos, ha atado los cuernos del animal con el cordón de su hábito y ha conseguido domeñarlo para devolverlo a su encierro.

     

    Inmaculada con fray Juan de Quirós (reproducción del original)
    1652
    Óleo sobre lienzo. 241 x 341 cm.
    Sevilla, Palacio Arzobispal.
    Procedencia: Sevilla, Capilla de la Hermandad de la Vera Cruz, Convento de San Francisco.

    Murillo emplea el recurso del cuadro dentro del cuadro, incorporando una arquitectura fingida y creando un efecto de “trampantojo” que rompe con lo realizado anteriormente en la pintura sevillana en la forma incluir a los donantes
    Fray Juan de Quirós nació en Osuna. En 1616 tomó el hábito franciscano y tuvo diversos cargos de importancia en la orden de San Francisco y en el Santo Oficio. Se distinguió como ferviente defensor de la Virgen, en cuya defensa escribió una obra con dos tomos que aparecen en la pintura: el primero se tituló Rosario inmaculado de la Virgen Santísima (1650) y el segundo, Marial y […] de los mysterios y glorias de la Reyna de los Angeles (1651).

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      Exposición temporal en Avenida de la Constitución, que mostrará las obras que Murillo pintó para el Antiguo Convento de San Francisco.

      Entre el 27 de abril y el 10 de junio de 2018.

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